
“En Bitácoras ignotas sólo hay dos soluciones: dejarse arrastrar por la marea o buscar afanosamente el cuaderno de viajes de nuestras propias vidas”.
Raúl Mendoza
Nos complace reseñar el libro Bitácoras Ignotas, primera y afortunada incursión en la novela de Lesbia Quintero, escritora y profesora universitaria, publicado recientemente por la Editorial Memorias de Altagracia.
En esta original novela, en la cual lo psíquico tiene mucho más peso y significación que lo anecdótico, la autora recrea un momento y unas circunstancias en que coinciden las vidas singulares de cinco personajes, María Jesús (Jesusita), Álvaro, Karla (Oscura Forastera), Rodrigo y Elvira, para revelarnos cuán enmarañado y sorprendente puede ser el destino de personas aparentemente aisladas y con vidas disímiles cuando, en alas del azar, se encuentran y comparten coyunturalmente intereses, intrigas y pasiones. Describe también cómo se van armando las piezas de lo que parece ser un rompecabezas social y emocional, hasta componer una imagen que confiera sentido a la desesperanza de unas vidas en búsqueda latente.
Además de estar magníficamente estructurada en arreglo a historias de vida, es ésta una novela fundamentalmente de personajes y talantes de fuerte perfil, y por ello no dudamos en calificarla de psicologista y personológica. Aparte de ser un conmovedor relato de la diversidad humana, hay entre los personajes una tensión recurrente y sostenida que no se dilucida en palabras y diálogos, sino en el adentro de cada uno mediante una narrativa de sentimientos y pensamientos. Es una novela de la vida interior de los personajes más que de su biografía en términos de acciones y conductas. Son personajes literariamente bien dibujados; muy comunes y corrientes y suficientemente verosímiles, algunos; y bastante improbables y más próximos a la ficción, otros, que se cruzan, conviven y confrontan sus temperamentos, pasiones, intrigas, sueños y derrotas, sin nunca perder sus determinantes, enrumbados sin brújulas en el continuum infinito de sus existencias extraviadas. Un ethos, en fin, tan singular como interesante en tanto cosmos y caos al interior de una singular novela contemporánea, resuelta, por lo demás, en clave inobjetablemente literaria y con fuerte presencia de la imagen y el discurso líricos.
Como muestra mínima de la formidable cuanto densa escritura de Lesbia Quintero en esta novela, he aquí este trozo, que corresponde a la Segunda Parte (Amores aturdidos):
“Por primera vez vio el espectáculo borroso de la vida agonizando en una cama de sábanas baratas, pereciendo en la más miserable pobreza. Percibió que la muerte es más cruel cuando no hay dinero para comprar una comodidad que al menos propicie una pequeña decencia al cuerpo vencido e indefenso, arrastrado, como el cadáver de Héctor, por una fuerza misteriosa e inmisericorde hacia lo ignoto.
“Los recuerdos hostiles, enconados en lo más profundo de su ser, lo persiguieron día y noche por una larga temporada. Las imágenes de la cama de hospital donde murió su padre aparecían como en una pesadilla. Veía en todas partes las manos laxas del albañil, enflaquecidas por la enfermedad agresiva, con sus uñas mal cortadas, y toda la pobreza alrededor, concentrada en un maldito pañal desechable lleno de mierda podrida. En medio de un horror inédito, vio las paredes de losa de la morgue, sintió el frío del tétrico lugar, y el tufo del formol casi le devastó el olfato. Recordó la cara muerta con los ojos cerrados, rígida… La carne sin vida envuelta en una colcha, y luego metida en una bolsa negra, como un saco de basura”.
Pero, asimismo, también hay pasajes que cantan a la esperanza. Veamos este hermoso fragmento de la Quinta Parte (La vida es un relato que se vive al revés):
“El alma humana es rara, tiene escondrijos y misterios que jamás afloran a la conciencia, pero se mantienen latentes y, a veces, nos dejan ver algo, un celaje de su magnitud. Elvira no ignoraba que algún rastro de su matrimonio anterior quedara vagando por zonas remotas y oscuras de su psiquis, impidiendo la entrada de nuevas ilusiones. Sin embargo, decidió apostar por la vida que le quedaba; estaba dispuesta a vivir con todas sus ganas ese tiempo. Francisco era un oftalmólogo divorciado, con un temperamento ardiente y un maravilloso sentido del humor; siempre la hacía reír y a su lado se sentía viva. Esta vez sería distinto; su ser le murmuraba bajito que el amor había llegado a quedarse para siempre”.
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE BITÁCORAS IGNOTAS
“Felicitaciones por Bitácoras ignotas. Me agradó mucho su lectura y tu maestría en la descripción de los personajes de la obra, de sus angustias y sufrimientos. Espero con ansias un nuevo libro tuyo”. Renée Lichtenstern. Editora.
“Lesbia, he estado leyendo como una poseída. Me encanta tu novela… Es un trabajo cuidadoso, estructurado, tiene gancho y desarrollo. Te deseo intensamente el mayor de los éxitos”. Emma Toro. Periodista.
“Bitácoras ignotas me ha sorprendido por su fuerza y profundidad. Es una novela de autor que cautivará a muchos lectores. Los personajes son sencillamente formidables”. José Morales. Dramaturgo.
“Me parece fascinante la coral que emerge de esas voces para narrar, en tan solo tres horas, sus diferentes historias de manera simultánea”. Karime Nabté. Docente y escritora. Mérida. México.
“María Jesús es una mujer como vos o como yo, inmersa en un mundo laboral, político y económico que determina comportamientos sociales agitados. Soñaba con ser escritora, y los avances tecnológicos le permitían, entre jornada laboral y responsabilidades de vida, plasmar sus escritos en un blog”. Melina Jaureguizahar Serra. Escritora y editora. Argentina.
“Ando con las horas trastocadas, con Bitácoras ignotas sobre mi almohada, con sus personajes muy cerca de mí. Qué novela tan buena. El lenguaje, el maravilloso trabajo con los personajes y esa hondura para retratar la existencia humana”. Milagros Roldán Berroa. Escritora y docente. La Habana- Cuba.
“La novela de la escritora venezolana Lesbia Quintero, como el Diario de Colón, es un libro de descubrimientos. Por eso la novela tiene el adjetivo de ignotas, es decir lejanas y desconocidas. Y como lo hacen todos los navegantes, ella pone la proa rumbo a lo que buscan sus personajes”. Jorge Rivadeneyra. Escritor. Profesor UCV.
Tomado de: Aisthesis, domingo 4 de diciembre de 2011
1 comentarios:
Enhorabuena Les, muy buenas estas opiniones. Yo las difundiré por la red.
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